Nirvana

El éxito sin precedentes de Foo Fighters demuestra que Nirvana era un talentoso trío, y no sólo un par de muletas para que Kart Kobain cabalgara salvaje hacia la fama y la aniquilación. Oscurecidos por una pantalla de humo de publicidad y amortiguados por los efectos de la radio sin fin, la música de Nirvana continúa siendo lo mejor de los 90. Krist Novoselic, Dave Grohl y Cobain condujeron su sonido de ruido blanco a melódicos canales navegables para todos los oyentes.
Las letras de Kobain, mientras tanto, estaban imbuídas de la pasión Pentecostal de alguien hablando en lenguas. Viajando en rápidos swings pendulares de la manía a la catatonia, su forma de cantar tenía el dolor de un alma mortificada profundamente en depresión y adicción. Era un hombre tratando desesperadamente de encontrar sentido, a través de las canciones, al mundo alrededor; algo que no se escuchaba generalmente en la lista de top 40. Es una pena que los elementos nihilistas de la vida de Cobain y su arte estuvieran tan vinculados a su propia autodestrucción como algo que ennoblece. Nirvana nunca aspiró a ser el rol del antihéroe que ciertas almas sin esperanza necesitaban que fueran. Hacer música que dijera algo es todo lo que querían, y asumieron riesgos genuinos para conseguirlo. En el proceso, sin darse cuenta alteraron la geografía moderna de la cultura popularizando (para bien o para mal) la tan mencionada música “alternativa”.
Luis Morganti
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Artista
Nirvana
Ciudad
Aberdeen
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